¿Pesadillas o Terrores?

Desde la “famosa” angustia del 8vo mes, comenzamos a observar que los niños se relacionan de otro modo con el mundo que los rodea y están pendientes de la presencia de su mamá. No basta con que ella le hable, necesita tenerla dentro de su campo visual y, así como las personas le pueden generar rechazo o temor, hay objetos o lugares que les dan placer o displacer, comienzan a ver que hay un yo y un otro : Eso les provoca “angustia”.

Es en la infancia temprana dónde aparece el miedo a la oscuridad, a los monstruos y a lo desconocido. Todos hemos despertado con algún grito o llamado nocturno que el chico relata como “un sueño feo”: -soñé que me perseguían- o – que te morías- o -que me abandonabas.
La pesadilla es ese sueño en que el niño despierta asustado, se incorpora y pide auxilio, recuerda la situación y quiere que uno se quede o que le dé la mano para volver a dormir, reclama compañía y protección del adulto, se calma con nuestra presencia y al día siguiente tiene memoria del episodio (aunque no recuerde que soñó).
En el terror nocturno el niño abre los ojos, pero no está despierto. Nos mira sin vernos (allí es donde los angustiados somos nosotros), aunque lo interroguemos no hay un relato coherente, quizá observa pero no reconoce, está agitado, puede llorar o defenderse de una situación que sólo él vive, sigue soñando, por eso hay que abrazarlo y volver a acostarlo, sin intentar que entienda lo que pasa, sólo tranquilizarlo, hablando despacio y cariñosamente,arroparlo y quedarse a su lado hasta que vuelva a dormir.
Por la mañana no recordará nada, hay amnesia de ese episodio.
Estos cuadros producen mucha incertidumbre en al adulto que teme se relacione con alguna patología.
Es conveniente comentarlo con el pediatra para evaluar la frecuencia y las características de cada caso, pero básicamente disminuyen con el crecimiento, se vuelven más aislados o desaparecen. Ayuda mucho el inducir al sueño con un ambiente tranquilo, que no se duerman viendo televisión , cantarles o contar un cuento, hacerles “mimos” y cuidarse con el tipo de charlas que se tienen frente a los más pequeños; a veces no somos conscientes de los temores que un noticiero o un comentario puede generar en la mente infantil.
Sin duda al dormir todos nos sentimos vulnerables, ellos confían en que los papás podemos cuidarlos. Acompañémoslos cuando es hora de ir a la cama.

Dra. Ana Nuñez
 

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